lunes, 24 de marzo de 2008

Fiesta

Declaro fiesta en mi particular calendario a este día, 24 de Marzo de 2008. No me puedo creer lo que ha pasado esta noche en mi casa. Aún estoy incredula y en este estado hago esta actualización. Paso a relatar lo sucedido:
-Cristina(mi hija y a partir de ahora C): "Mamá,¿puedo coger el ordenador?"
-Yo(a partir de ahora Y): "No"
-C: "Vale, pués me pongo a jugar a la Play"
Yo me quedo con la boca abierta y casi sin respiración, "no es mi hija, que me la han abducido".
-C: "Dile al niño que me deje la tele"
-Y: "Ale, dejale la tele a tu hermana"
-Ale(a partir de ahora A): "Hermana mi mando está arriba"
"Cómo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!"
Por favor, que me devuelvan a mis hijos, que estos no son. Venga hijos míos, pegaros. No puede ser, se han comportado como seres humanos y no como animales. No me han faltado al respeto, ni se han insultado, no se han pegado... Es íncreible, hoy es fiesta en mi casa, y no puedo dejar de compartirlo con los que me leéis.
Algo de lo que les digo les llega a su cerebro, aún no son terreno baldío. Al final, Fernando va a tener razón y todo, cuando dice que aún se puede sacar algo de provecho de mis hijos.

sábado, 22 de marzo de 2008

Me estoy...

...perdiendo. Así me siento, perdida. Por un lado, he encauzado mi vida. Tengo una pareja que me quiere y me cuida, unos hijos que más o menos estoy sacando adelante, un trabajo muy sacrificado pero al ladito de mi casa y con unos jefes encantadores, y en cuanto a la salud, pués más o menos. ¿Qué más quiero? No lo sé, pero soy consciente de que algo me falta. A veces me siento tan vacia que me duele. Pero, ¿qué me falta?. Me ahogo en mi existencia, en mi casa, en mi trabajo, con mi familia.
Estoy cansada de la vida, de luchar, de aparentar. Estoy básicamente cansada, en todos los sentidos. Cansada de ser demasiado consciente de lo vulgar de mi existencia, de lo inútil de mi existencia.

jueves, 20 de marzo de 2008

Esa soy yo

Os he tenido engañados todo este tiempo. Ni soy una mujer fuerte, ni decidida, ni valiente y mucho menos tengo fuerza de voluntad. Soy según a quién tenga enfrente de mí. Es lo único que he hecho toda mi vida, agradar a los demás o por lo menos intentarlo. Sí para ello tenía que dar mi brazo a torcer o agachar la cabeza, lo hacía. No soporto los enfrentamientos, no sé discutir y aunque lleve razón, siempre acabo cediendo. Todo en mí es fachada, soy débil y eso conlleva que sea mala madre, mala compañera, en definitiva, mala persona.
Estoy criando a dos futuros parásitos y a pesar de lo que me digan, eso ya no tiene remedio. Y no es por ellos, es por mí, porque yo no tengo la fuerza y la voluntad suficiente para poner remedio. Mi problema es que busco la aceptación de todo el mundo y no me importa el coste. Si tú quieres a alguien sumisa, yo lo soy; si tú quieres a alguien frívolo, yo lo soy; si quieres a alguien trabajador, yo lo soy... Y mis hijos quieren a una madre permisiva y yo lo soy, porque lo único que quiero es su aceptación. Mi pareja quería a una mujer fuerte y eso era lo que creía él que era, fuerte, lo malo de la convivencia es que se está dando cuenta de como soy en realidad y estoy empezando a ver la decepción reflejada en su cara.
Tiro para delante como buenamente puedo, pero como hacer las cosas bien si no estoy contenta cuando me veo, si no me acepto.

martes, 18 de marzo de 2008

Hace un año

Parece mentira, pero ya hace un año de todo. Después de separarme y tras un periodo de duelo, empecé una carrera frenética por conocer a alguien, con la absurda creencia de que no tenía tiempo pululando a mi alrededor. De pronto me ví a mis años sola y sin querer estarlo. Pensando que nadie se iba a fijar en una mujer de mi edad y con dos hijos.
Aclarado este punto y con el vuelco que mi vida había dado en cuestión de dos meses, me aferré al primero que me dió un poco de cuartelillo por internet. Y voy a hablar por primera vez de él aquí. Claudio Patti. ¿Cómo un italiano con tanto mundo se había fijado en mí? Fué mi primera historia después de separarme, duró tres meses en los que estuve entrando y saliendo de su vida. Si no hubíera sido por sus celos y su desconfianza, lo nuestro hubiese sido una historia muy bonita. Es lo más intenso que he vivido, quizás por lo que significo para mí. Ha sido el segundo hombre de mi vida y hubiese apostado porque fuera el definitivo, pero él se empeñó en echarme de su lado. Tal día como hoy, hace un año, me pedía que fuera a buscarlo porque se encontraba perdido en medio de una cofradía. Lo recuerdo con una mezcla de nostalgia e indiferencia, por lo que pudo haber sido y no fué. Y agradecida, porque me enseñó a sentirme deseada y porque sus desplantes me llevaron hasta el amor de mi vida.
Mis idas y venidas de su casa me hicieron pasar de la más absoluta felicidad a la más aterradora amargura. En su compañía conocí todos los estados de ánimo, desde la pasión desenfrenada hasta el desprecio absoluto. Lo mismo reí que lloré y con la misma intesidad. Todavía lo tengo muy presente, aunque sin ningún tipo de sentimiento. Siento lástima, eso sí. Reconozco que me gustaría saber de él, pero más por curiosidad, sin que él lo supiera, por ver cómo le va. Aunque conociéndole, supongo que seguirá solo porque en quién únicamente confía es en su perrita.
Fernando, no tienes porque preocuparte, te quiero más que a nada en este momento. Pero él siempre tendrá un lugar importante en mi vida aunque no en mi corazón.

viernes, 14 de marzo de 2008

Qué difícil!

Esto de ser madre es muy difícil. Nunca sabe una si lo está haciendo bien. Y aún así tengo ganas de repetir, quizás con la esperanza de hacerlo mejor la próxima vez. Estoy tan cansada que me dan ganas de tirar la toalla, pero no sé por qué siempre acabo tirándo hacia delante. Sé que mi cansancio tiene una justificación física, que debería dejarme llevar un poquito y descansar algo más, por lo menos hasta que me recupere. Pero una extraña fuerza dentro de mí hace que haga más cosas de las que verdaderamente puedo abarcar.
Hoy estoy algo más pesimista de lo habitual, mis hijos han recogido las notas y la cosa les ha ido bastante mal a los dos. Me desespera ver que mis esfuerzos y mis desvelos no sirven de nada. Y que, a veces, me descubra pensando que ya está todo perdido para ellos. ¿Cómo puede ser que los vea como a dos seres sin futuro alguno, futuros parásitos?
Verdaderamente, ¿soy tan mala madre? o es que ¿me gusta compadecerme para que los demás me presten atención?